Madrid , 19 de Enero de 2018

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CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

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Sabías que..

Fue fundado en 1564 por fray Gaspar de Torres, padre Provincial de la Orden de la Merced en Castilla, sobre unas casas de la calle Barrionuevo que fueron compradas al carpintero Diego de Espinosa, por 230 ducados y un censo anual de 450 maravedíes. El 4 de septiembre de 1564 se oficio la primera misa y sus primeros moradores fueron nueve religiosos venidos de conventos mercedarios de Toledo y Guadalajara.
Pronto, el convento se convirtió en uno de los lugares más emblemáticos del Madrid del Antiguo Régimen, puesto que desde 1573 se veneraba en su interior una de las imágenes marianas más veneradas por los madrileños, la de Nuestra Señora de los Remedios. Según la tradición, dicha imagen fue traída desde Flandes por un soldado de Felipe II llamado Juan de Orihuela, quien supuestamente la había salvado de una profanación protagonizada por unos herejes. Desde ese momento, su culto se extendió por Madrid como la pólvora, convirtiéndose en la tercera Virgen de Madrid en importancia.
En cuanto a su edificio, llegó a ser uno de los más importantes que tuvo la ciudad. Destacaba sobre todo su iglesia, levantada sobre una planta de cruz latina de notables dimensiones, compuesta por tres naves, cúpula, capilla mayor, y varias capillas laterales que comunicaban por el interior. La capilla mayor debió ser muy interesante; estaba rematada por una rica media naranja cuya linterna descansaba sobre cuatro fuertes pilastras. En esta capilla estuvieron los sepulcros de Fernando Cortés, marqués del Valle, y de su esposa, doña Mencía de la Cerda, quienes tomaron el patronato del convento en 1611.
Pero el lugar más importante del convento era la capilla de Nuestra Señora de los Remedios, situada nada más entrar a la iglesia, a mano izquierda. Aparte de la imagen de la Virgen, rodeada por gran número de lámparas de plata, destacaban las pinturas de la bóveda, obra de Manuel de Castro, así como las decoraciones pictóricas de la bóveda de su Sacristía, obra de Eugenio Caxés, que recreaban pasajes de la vida de la Virgen, los Santos, y los Evangelistas.
Este convento tuvo a Fray Gabriel Téllez como su más ilustre morador. Más conocido como Tirso de Molina, entre sus muros escribió gran parte de su extensa obra literaria. En 1809, durante la ocupación francesa los frailes fueron expulsados y el convento desvalijado por las tropas de Napoleón. En 1814, con el regreso de Fernando VII, los frailes volvieron a ocuparlo, aunque sería por poco tiempo. En 1836 fue desamortizado por Mendizábal y el cenobio y su iglesia fueron demolidos al año siguiente. En su lugar, se abrió una plaza que en principio tomó el nombre del Progreso, y hoy no por casualidad se llama de Tirso de Molina, en recuerdo de su más famoso habitante.
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