Madrid , 20 de Julio de 2018

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MONASTERIO DE SANTO DOMINGO EL REAL

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Sabías que..

En 1218, dos frailes dominicos -posiblemente Pedro de Madrid y Suero Gómez- decidieron fundar en la villa de Madrid un monasterio de la orden de Santo Domingo sobre un terreno que para tal efecto les había sido cedido extramuros, junto a la puerta de Balnadú. Según la tradición en un principio la comunidad era masculina, pero a los pocos meses, llegó a Madrid el propio Santo Domingo de Guzmán y dispuso que la congregación fuera de religiosas, siendo aprobada definitivamente por una Bula de Honorio III en 1220. Según Álvarez y Baena, la advocación de este convento fue en un principio la de Santo Domingo de Silos, pero una vez canonizado el de Guzmán, las religiosas la cambiaron a su fundador.
El convento, que debió ser en un principio pequeño y humilde, no tardó en obtener el patronato de los monarcas castellanos, quienes mediante la concesión de numerosas donaciones y privilegios convirtieron a Santo Domingo en uno de los conventos de religiosas más importantes del reino. Así, entre muchos otros, Alfonso X costeó las obras del nuevo edificio en 1258, Sancho IV la eximió del pago de montazgos y portazgos, Enrique III ayudó a levantar la capilla mayor, y Felipe II mandó hacer el coro.
La vinculación por tanto con la Casa Real fue constante; así, en este monasterio estuvieron entre otras las sepulturas de la infanta doña Berenguela, la infanta doña Constanza, y durante cuatro años la del príncipe Carlos, hijo de Felipe II. Además, según la tradición, también estuvo enterrado el rey Pedro I, cuyos restos se dice que fueron trasladados en 1444 desde la Puebla de Alcocer por su nieta, la anteriormente citada doña Constanza, que además fue priora del monasterio durante treinta y ocho años. También estaba en este convento la pila en que fue bautizado Santo Domingo, y que desde Felipe IV fue la utilizada para bautizar a miembros de la familia real.
En cuanto al edificio, debió ser uno de los conventos más grandes que tuvo Madrid. Sobre todo destacaba su iglesia, reedificada en 1612 por mandato de Felipe III, y a la que se accedía a través de una portada formada por tres arcos de medio punto. En el interior, resultaba muy interesante la disposición de sus dos naves, paralelas, situándose la capilla mayor en una de ellas.
Durante la guerra de la independencia, la comunidad fue suprimida y el convento sirvió de cuartel de zapadores del ejército francés, quienes ocasionaron cuantiosos daños en el edificio. En 1814 Fernando VII volvió a restablecer la comunidad, y él mismo se encargó de sufragar los gastos ocasionados por la reparación.
Situado en la cuesta de Santo Domingo, iglesia y convento fueron derribados durante los años del sexenio revolucionario, si bien es cierto, que desde los últimos años de la monarquía de Isabel II ya se estaba pensando en su demolición; así, en 1865 fue presentado al Congreso un proyecto de ley proponiendo su abandono. No obstante, no fue hasta el 9 de agosto de 1869 cuando se procedió a su derribo.
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