Madrid , 23 de Enero de 2018

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MADRID EN EL AÑO 1875

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CEMENTERIO DE LA ALMUDENA

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Sabías que..

Los primeros cementerios madrileños datan de principios del siglo XIX, puesto que anteriormente, los enterramientos se realizaban en las iglesias de la ciudad. Por razones higiénicas y sanitarias, Carlos III intentó prohibir los enterramientos en los templos y promover la construcción de cementerios a las afueras de la ciudad. Sin embargo, esta reforma, como otras tantas, topo de bruces con los intereses de la iglesia y con una mentalidad tradicional muy arraigada. Habrá que esperar hasta el reinado de José I Bonaparte para que se ponga en marcha la construcción de los dos primeros: el Cementerio General de Norte (1809) y el General del Sur (1810). Pocos años después, diversas Archicofradías y Sacramentales de la ciudad empezaron a construir paulatinamente sus propios cementerios para enterrar en ellos a sus afiliados.
En la década de 1860, debido al continuo crecimiento de la población, y sobre todo, al plan de ensanche de la ciudad, surgió la idea de construir dos grandes necrópolis municipales –llamadas del Este y del Oeste- que sustituyeran a todos estos cementerios.
De estas dos necrópolis sólo llegó a realizarse la del Este, o de Nuestra Señora de la Almudena. Su origen se remonta a 1877, cuando el Ayuntamiento presidido por José Abascal convocó un concurso para la construcción de un gran cementerio, que se situaría en el entonces término municipal de Vicálvaro, concretamente en los llamados terrenos de la Elipa.
El proyecto ganador, presentado por los arquitectos Fernando Arbós y José Urioste, consistía en un monumental trazado concéntrico que se ajustaba a la topografía del terreno, lo que motivó que su construcción no se finalizara hasta 1925 bajo la dirección del arquitecto municipal Francisco García Nava.
Pero la urgente necesidad de enterramientos que provocó la gran epidemia de cólera de 1884-1885, hizo que la necrópolis del Este fuera inaugurada el 15 de junio de aquel año, con el nombre de Cementerio de Epidemias. Esta decisión provocó, el 1 de septiembre de 1884, la clausura de siete de los once cementerios existentes, salvándose del derribo las sacramentales de San Isidro, de San Justo, de Santa María, y de San Lorenzo.
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