Madrid , 23 de Julio de 2017

HISTORIA de Madrid

Crecimiento urbano
Madrid Corte ...

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Madrid Medieval

Solar de Madrid

En el Siglo X (Madrid Musulmán)

En el Siglo XII (hasta 1200)

En el Siglo XIII (hasta 1300)

En el Siglo XIV (hasta 1400)

En el Siglo XV (hasta 1450)

MADRID CORTE



En el Siglo XVII (hasta 1700)


Madrid Capital

En el Siglo XIX (hasta 1845)

En el Siglo XIX (hasta 1875)

En el Siglo XIX (hasta 1900)

En el Siglo XX (hasta 1916)

En el Siglo XX (hasta 1930)

En el Siglo XX (hasta 1939)

Sabías que..

A comienzos del siglo XVII el Duque de Lerma asumió la titularidad de la dirección política de la monarquía con la confianza de Felipe III (1598-1621), y se produjeron una serie de cambios políticos que afectaron profundamente a Madrid.
Las grandes realizaciones urbanas que se realizaron en la ciudad durante la primera mitad del siglo XVII son el reflejo de la munificencia y fastuosidad inaugurada por Lerma, pareja a la progresiva intensidad que iban tomando las manifestaciones sociales y culturales del barroco. Sin embargo, antes de que esto ocurriera, en el invierno de 1601 se iba a producir un episodio sombrío para la ciudad, el traslado de la corte a Valladolid. La decisión de trasladar la corte a Valladolid fue obra del Duque de Lerma, ya que estaban cerca sus dominios nobiliarios, tenía una amplia influencia sobre el poder municipal y además se le dio una fuerte suma de maravedíes en concepto de donativo. Convencido Felipe III de la conveniencia que supondría para la monarquía su nuevo emplazamiento, el 10 de enero de 1601 el Consejo de la Cámara publicó el decreto oficial del traslado de la corte.
De nada sirvieron las peticiones, las súplicas y los memoriales que el concejo madrileño elevó al rey. Y es que el traslado de la corte, después de haber permanecido en Madrid durante cuarenta años, iba a suponer el declive para el dinamismo de la ciudad y la ruina para muchos de sus habitantes. Pero ni Valladolid resultaba una ciudad cómoda para la corte ni Madrid estaba dispuesto a dejarse arrebatar tal privilegio. Madrid negoció la vuelta de la corte con Felipe III, tras pactar un sustancioso donativo de 250.000 ducados. Lógicamente, de esta cantidad se entregó una tercera parte al Duque de Lerma y con las dos terceras partes restantes la villa se comprometía a construir un nuevo cuarto para la reina en el Alcázar.
En 1606 la corte volvía a encontrarse de nuevo en Madrid y el concejo comprendió que el Alcázar era su mejor vínculo con la corona, por eso se decidió a invertir en él. Durante los últimos años del reinado de Felipe III y los primeros del reinado de Felipe IV (1621-1665) la ciudad vivió un programa de construcciones públicas para equiparar su aspecto físico a la realidad de su papel político, que por cierto ya mostraba síntomas de un claro declive. Entre 1617 y 1619 la plaza Mayor por fin vio ordenado su espacio urbano, cerrado por una fachada uniforme y regular que lo envolvía, según un proyecto de Juan Gómez de Mora que culminaba la transformación de la antigua plaza del Arrabal en una plaza cortesana. También, el 15 de noviembre de 1623 Felipe IV en solemne ceremonia puso la primera piedra de la catedral de Madrid, un sueño largamente acariciado por la villa y abortado dos años después. No pasó igual con la construcción del Palacio del Buen Retiro (1632-1640), en buena medida sufragado por la villa, y ubicado en el extremo opuesto de la ciudad al que se encontraba el Alcázar. Madrid, a partir de entonces quedaba flanqueado por dos grandes posesiones reales, el Alcázar y el palacio de recreo.
Pero al margen de este Madrid cortesano de los fastos barrocos, el caserío había seguido creciendo hasta alcanzar en el primer tercio del siglo XVII una población cercana a los 130.000 habitantes y una extensión de 400 hectáreas, a las que habría que añadir otras 300 hectáreas correspondientes a los reales sitios (Palacio del Buen Retiro, Campo del Moro). Bajo este contexto, el concejo y la Corona desarrollaron algunas iniciativas para remozar el caserío existente y paliar la carestía de infraestructuras. Así, empezaron a construirse los conocidos viajes de agua, como el de Amaniel (1614-1616), con objeto de suministrar agua potable al Alcázar, a varias fuentes públicas, a casas particulares y conventos, a la vez que se iban consolidando nuevas plazas públicas (la de la Cebada, Mayor y Balnadú).
Sin embargo, las dimensiones que había alcanzado la ciudad se mantendrán prácticamente inalterables durante los próximos doscientos años. Esto se debió a la construcción en 1625 de una nueva cerca que envolvía la ciudad y que tenía la finalidad de fiscalizar, a través de sus puertas, los abastos que entraban en la ciudad.
Durante el reinado de Carlos II (1665-1700), último de la Casa de Austria, la efervescencia urbanística que había conocido la ciudad se había desvanecido cuando todavía reinaba su padre.
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