Madrid , 24 de Noviembre de 2017

HISTORIA de Madrid

Crecimiento urbano
Madrid Capital ...

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Madrid Medieval

Solar de Madrid

En el Siglo X (Madrid Musulmán)

En el Siglo XII (hasta 1200)

En el Siglo XIII (hasta 1300)

En el Siglo XIV (hasta 1400)

En el Siglo XV (hasta 1450)

Madrid Corte

En el Siglo XVI (hasta 1500)

En el Siglo XVI (hasta 1600)

En el Siglo XVII (hasta 1700)

En el Siglo XVIII (hasta 1800)

MADRID CAPITAL


En el Siglo XIX (hasta 1875)





Sabías que..

A la altura de 1840 la escasez de la vivienda se había convertido en uno de los problemas más acuciantes y de difícil solución, pues apenas había suelo para tan abultada demanda. Los propietarios, amparados en la Ley del Inquilinato de 1842, aprovecharon esta circunstancia para subir los precios de unos alquileres que, de por sí, eran inasequibles para los numerosos inmigrantes y trabajadores que llegaban a la ciudad. La Ley de promoción y regulación de "casas para pobres", promulgada en 1852, apenas mejoró la situación y la población marginal no tuvo más remedio que asentarse en dos pequeños núcleos suburbiales a las afueras de la cerca: el principal, al norte de la ciudad, llamado arrabal de Chamberí, y, el otro, al sur, junto al Portillo de Embajadores y que daría lugar al futuro barrio de las Peñuelas.
Estas deficiencias urbanas, junto con las distintas actuaciones urbanas que se habían realizado a raíz de la desamortización, van a ser integradas en una actuación conjunta a partir de 1845, según dos estrategias diferentes: la reforma interior de la ciudad y la aparición del ensanche. Mesonero Romanos, adalid de la reforma y declarado oponente coyuntural del ensanche, propondrá desde su cargo de concejal dos planes generales de reforma urbana (1846 y 1849) que momentáneamente triunfarán sobre la alternativa de expansión propugnada por el gobierno y esbozada por J. Merlo (1846).
Estos planes, que marcarán la pauta urbanística durante la década siguiente, se basaban en la apertura de pequeñas calles, el ensanche y realineación de las existentes, junto con el incremento de los servicios municipales y una ambigua actuación y acotación de los arrabales existentes. Así, en el plan de mejoras de 1846 se apuntaba la necesidad de actuar sobre el paseo de Recoletos, ensanchándolo a costa de las huertas que lo flanqueaban por su lado izquierdo, junto con la remodelación de sus zonas aledañas: la zona del Barquillo y la zona que hoy ocupa el espacio de las inmediaciones de la calle de Serrano. La primera, situada a la izquierda del paseo, era entonces un arrabal constituido por huertas, corrales, tahonas y herrerías; la segunda, a la derecha del paseo, serviría para construir una elegante barriada hasta la Puerta de Alcalá. Poco tiempo después se materializaron en estas zonas dos de los barrios más emblemáticos del Madrid romántico isabelino (de un lado el formado por las calles de Gravina, Almirante, Prim, Fernando VI y, del otro lado, por las calles de Recoletos, Villanueva y Jorge Juan). Al mismo tiempo se continuó actuando sobre la periferia con el fin de conectar el paseo de la Fuente Castellana con el arrabal de Chamberí, a través de los nuevos paseos del Obelisco -hoy Martínez Campos- y del Cisne -hoy Eduardo Dato-.
Otra de las grandes reformas fue la de la plaza de la Puerta del Sol (1852 y 1862), concebida por los liberales como un nuevo espacio público de monumental centralidad, con un marcado carácter representativo. Pronto se convertiría en polo de atracción para importantes actividades comerciales, administrativas y financieras, lo que también alentó la reforma de sus calles colindantes (Preciados, Carretas, Arenal y Ancha de Peligros).
Pero la llegada del Ferrocarril (1851) y de las aguas del Canal de Isabel II (1852), el rápido crecimiento de la población, que va alcanzar los cerca de 300.000 habitantes en 1860, y la desamortización de propios y arbitrios que impulsó Pascual Madoz (1855), van a poner de relieve la necesidad que tiene la capital de expandirse más allá de la cerca. En 1857 el gobierno va a aprobar la puesta en marcha del anteproyecto de ensanche, tres años después será aprobado el realizado por Carlos María de Castro, y a partir de 1868 comenzará a derribarse la cerca de 1625. Madrid había estado cercado durante casi dos siglos y medio, sin tener posibilidad de crecer. Mediante este crecimiento planificado, que no llegó a materializarse en su totalidad, a las 800 hectáreas que tenía la ciudad se le añadirán 1500 más, producto de una amplia corona de terreno que envolvería la ciudad por el norte, este y sur, a la vez que se planificaban los distintos usos del suelo (residencial, industrial, militar, ocio, agropecuario...). Además, a la dinámica del ensanche se sumarán las nuevas barriadas de Argüelles y Alfonso XII, producto de la enajenación de antiguas posesiones de la Corona. No obstante, el crecimiento de los nuevos barrios de Chamberí, Salamanca y Peñuelas fue muy lento hasta 1875.
Las expectativas de crecimiento de la ciudad se van a complementar con nuevas mejoras en el interior, como la creación del nuevo eje de la calle Bailén. La idea de unir el Palacio Real con la iglesia de San Francisco el Grande por medio de una gran avenida ya había sido abordada por los primeros Borbones y por José I Bonaparte, pero esto implicaba la construcción de un colosal viaducto para salvar el desnivel de la calle de Segovia, con lo que los proyectos quedaban abandonados por falta de medios. No será hasta 1861, cuando por fin se ponga en marcha este proyecto que contará con la construcción de un viaducto (1872). Los barrios de Palacio y de San Francisco quedaron unidos a través de la calle de Bailén en 1883, y su coste no sólo fue económico, pues para su realización tuvieron que derribarse muchas casas y la iglesia de Santa María, la más antigua de Madrid.
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