Madrid , 17 de Julio de 2018

MONUMENTOS

¿Qué hay en la calle...?

Nueva búsqueda por calle o iniciales:

Lista de Resultados por ...

[ CALLES ] obtenidas

[ MONUMENTOS ] correspondientes a...

[ INFORMACIÓN ] sobre...

BIBLIOTECA NACIONAL

[ AMPLIAR ] fotografía


[ IMPRIMIR ] fotografía y texto


Sabías que..

Dirección: Paseo de Recoletos, 20.

Fue fundada con el título de Librería Real por el rey Felipe V en 1711, en la Casa del Tesoro, frontera a los Caños del Peral, y se abrió al público en marzo de 1712.
Sus primeros fondos bibliográficos fueron unas pocas colecciones que Felipe V había traído consigo desde Francia, junto a algunas colecciones que la Reina Madre guardaba en el antiguo Alcázar. La gran mayoría de las obras y los mejores volúmenes seguirían estando en manos de la Corona, en la biblioteca real que también mandó realizar y ordenar el mismo rey. No obstante, por Real Cédula de 1716 se la concedió el privilegio de obtener un ejemplar de cuantos libros se editaran en España, así como se la reconocía el derecho de tanteo en las ventas de manuscritos, estampas, medallas y la adquisición de librerías particulares. Además, se instituyó oficialmente su gobierno interior con el nombramiento de un bibliotecario mayor y otros bibliotecarios.
Los fondos de la biblioteca siguieron creciendo con la librería del cardenal Arquinto, que ordenó comprar Carlos III en Roma, y con los fondos que Carlos IV adquirió del señor Múzquiz, entonces embajador de Francia.
Durante el reinado de José I Bonaparte (1808-1813) y con motivo de la realización de las obras de la nueva plaza de Oriente, la biblioteca fue trasladada a los claustros altos del Convento de la Santísima Trinidad de religiosos calzados, en la calle Atocha. Pero de nuevo en 1819, a petición de los frailes, fue traslada al entonces Ministerio de Marina, ubicado en la casa llamada de los Secretarios de Estado y de Despacho, también conocida como Palacio del Marqués de Grimaldi y como Palacio de Godoy, en la plaza de la Marina Española. En 1826 Fernando VII compró unas casas en el número 4 de la Plaza de Oriente para instalar la biblioteca y así evitar entorpecer el normal funcionamiento del Ministerio de Marina. En opinión de los críticos del siglo XIX estas casas no eran las más adecuadas para esta función, pues su insuficiencia impedía ordenar correcta y adecuadamente todos los fondos bibliográficos y dificultaba la exposición del museo de medallas y del gabinete de antigüedades que tenía la biblioteca desde su fundación.
Con el advenimiento del régimen liberal, a partir de 1834, la biblioteca quedó definitivamente como un establecimiento de la nación, siendo desvinculada del patrimonio real, como ya sucediera durante las breves experiencias liberales de 1812 y del trienio (1820-1823). En 1836 pasó a denominarse Biblioteca Nacional y siguieron aumentando sus fondos con la librería de las Cortes, la del infante don Sebastián y los volúmenes y manuscritos de los conventos que habían sido desamortizados. Por propia iniciativa se compraron, entre otras colecciones y obras, la librería de Juan Bohl de Faber –con más de 2.000 volúmenes-; una colección de novelas españolas que había ido recopilando Benito Maestre; los manuscritos originales de Juan Pablo Forner y Leandro Fernández de Moratín y una colección de 200 volúmenes y legajos de genealogía. También se compró una colección de medallas y monedas a José García de la Torre, además de una gran cantidad de grabados, retratos (de Cervantes, Góngora, Moreto, padre Mariana, etc.) y algunos bustos como el de Alberto Lista. Según Mesonero Romanos, a la altura de 1854 se había elaborado un índice general clasificado por materias y autores, que elevaba a nada menos que 240.000 volúmenes los fondos disponibles en la Biblioteca Nacional. También poseía una colección de 97.000 medallas y monedas que la situaban a la cabeza de Europa, contaba con una pequeña «Dacthiloteca» compuesta por piedras preciosas, camafeos y pastas vítreas, y en su gabinete de antigüedades se podían contemplar gran número de utensilios, joyas y restos arqueológicos de culturas pasadas y de diversas partes del mundo. Para su gobierno y funcionamiento contaba con una plantilla de 25 personas, compuesta por un director bibliotecario mayor, cuatro bibliotecarios de número, catorce oficiales, tres celadores y tres porteros.
El aumento constante de fondos, monedas y antigüedades, aconsejaba el traslado de la biblioteca a un edificio más espacioso y preparado funcionalmente para este cometido. Este argumento sirvió para que en 1866 la reina Isabel II pusiera la primera piedra del futuro Palacio de la Biblioteca y Museos Nacionales en el Paseo de Recoletos, sobre parte del solar del desaparecido Convento de Agustinos Recoletos. Mientras se realizaban las obras, la biblioteca permaneció en la plaza de Oriente, y con objeto de ganar espacio se decidió trasladar la colección de monedas, medallas, y el gabinete de antigüedades al nuevo Museo Arqueológico, fundado el 20 de marzo de 1867 en el solar del antiguo Casino de la Reina, en la calle de Embajadores. Pero no bastando con esta medida y en vista de que en los sótanos no cabían más libros, a comienzos de la década de 1870 se tuvo que improvisar la construcción de un pabellón en un jardín contiguo a la biblioteca. Y es que los acontecimientos políticos del sexenio revolucionario tuvieron paralizadas las obras del nuevo edificio hasta 1874.
Treinta años después de que se colocara la primera piedra, el 17 de marzo de 1896 la Biblioteca Nacional abría sus puertas al público en su nueva sede del Palacio de la Biblioteca y de los Museos Nacionales, donde permanece en la actualidad.
Volver a la cabecera de la página