Madrid , 20 de Julio de 2018

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PALACIO DEL MARQUES DE LINARES



PALACIO DEL MARQUES DE LINARES

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Sabías que..

Dirección: Calle de Alcalá c/v Plaza de la Cibeles, s/n, c/v Paseo de Recoletos, 2, c/v Calle del Marqués del Duero, 2.

El financiero José Murga, Marqués de Linares y vizconde de Llanteno adquirió a mediados del siglo XIX tres parcelas que había en una de las zonas más emblemáticas de la ciudad, la Plaza de Castelar –hoy de Cibeles- para construir su palacio residencial. En este extenso solar estuvo desde mediados del siglo XVII el Pósito de la Villa, institución que se encargaba de almacenar reservas de granos panificables para los tiempos de carestía.
Durante mucho tiempo se atribuyó erróneamente la autoría de este palacio al arquitecto francés Ombrecht, pero hoy sabemos que fue construido en 1873 por el arquitecto Carlos Colubí, porque han aparecido en el Archivo de Villa los planos del proyecto original con su firma, aunque fechado diez años antes.
De la parte exterior del palacio destaca el chaflán cilíndrico de la fachada principal y los bajo relieves de los frontones de las ventanas y frisos. Del interior, llama la atención la elegancia de su vestíbulo ovalado junto con la escalera de doble derrame que realizó el arquitecto Manuel Aníbal Álvarez Amorós, y que comunica, ya en la planta noble del edificio, con un salón principal de bella factura barroca. En las lujosas decoraciones del palacio trabajaron artistas de la talla de Casto Plasencia, Jerónimo Suñol, Francisco Pradilla, Manuel Domínguez, Francisco Amérigo y Alejandro Ferrant. La parte trasera del palacio da un jardín, que se extiende hasta la calle del Marqués del Duero, y al que asoman dos interesantes pabellones, uno de corte clásico y otro, más pequeño, de características románticas. Estos pabellones hacían sus funciones de caballerizas y de «casa de muñecas» y también son obra de Manuel Aníbal Álvarez.
En el siglo XX el palacio perdió su carácter residencial y se convirtió en la sede de la compañía marítima Transmediterránea. Posteriormente, fue adquirido por la Confederación Española de Cajas de Ahorro y no tardó en presentar a la administración su expediente de derribo. En 1976 un expediente de incoación evitó lo peor al declarar el palacio monumento histórico-artístico, quedando por el momento a salvo de la piqueta y del sempiterno enemigo del patrimonio cultural: la especulación. Paradójicamente, en 1988 fue comprado por el empresario Emiliano Revilla y al año siguiente fue vendido por un precio bastante superior –600 millones de pesetas- al consorcio formado por el Instituto de Cooperación Hispanoamericana, el Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma de Madrid con el propósito de establecer en él la Casa de América, donde todavía hoy permanece. Previamente se hicieron obras de rehabilitación con objeto de devolver al palacio su esplendor original, con un presupuesto que superó los dos mil millones de pesetas.
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