Madrid , 23 de Enero de 2018

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PALACIO DE LOS DUQUES DE VILLAHERMOSA

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Sabías que..

Dirección: Plaza de las Cortes, 6, c/v Paseo del Prado c/v Calle de Zorrilla.

La remodelación del entorno palaciego del Real Sitio del Buen Retiro iniciada en 1767 por José de Hermosilla vino a ordenar la vaguada del antiguo arroyo del Prado, con la creación de un nuevo espacio de relación entre el entonces límite de la ciudad y el conjunto palaciego. Este espacio lo conocemos hoy como Salón del Prado, un paraje muy emblemático de la ciudad por la belleza de sus jardines y sus fuentes (Cibeles, Neptuno, Apolo). Estas obras de mejora del Prado y la cercanía al palacio del Buen Retiro se convirtieron, ya a finales del siglo XVIII, en polo de atracción para la aristocracia madrileña.
En esta lógica, el Duque de Villahermosa adquirió en 1771 una casona barroca en el paseo del Prado, frontera al hermoso y desaparecido palacio del duque de Medinaceli, que había pertenecido a Alessandro Pico de la Mirandolla, un noble italiano muy influyente en la corte de los borbones.
En 1783 el duque encargó su reforma a los arquitectos Silvestre Pérez y Manuel Martín Rodríguez, pero no llegaría a realizarse. Entonces, el palacio era de planta sensiblemente rectangular y la distribución de las dependencias se realizaba en torno a tres patios interiores y a tres fachadas que daban, respectivamente, a un jardín lateral, al Paseo del Prado y a la Plaza de las Cortes.
En 1805 se encarga al arquitecto Antonio López Aguado, discípulo de Juan de Villanueva, una nueva reforma del palacio. Esta vez si se llevan a terminó algunos cambios importantes, como la ubicación de la puerta principal en la fachada norte aprovechando el jardín; la ampliación de un piso más sobre los dos que ya tenía el palacio; la decoración de las fachadas con impostas y molduras de granito, y la ornamentación de los huecos de los balcones con molduras. Con estas mejoras la construcción tomó el aire de las grandes mansiones nobiliarias que se habían construido en la corte durante el setecientos (Palacios de Goyeneche y de Buenavista, de los duques de Ugena y de Liria, y de los marqueses de Miraflores y de Perales).
En 1823 el palacio se convirtió en residencia del duque de Angulema, aquel que con la invitación del Congreso de Verona vino a España con los «cien mil hijos de San Luis» para derrocar los gobiernos liberales del trienio y restituir a Fernando VII en el trono. Más tarde se convirtió en una especie de hotel para nobles y acogió durante algunos años la sociedad artístico-literaria, llamada del Liceo y de la que era ferviente impulsor José Zorrilla.
Ya en el siglo XX, tras largos años de deterioro y abandono, la Banca López Quesada adquirió el palacio y encargó una profunda reforma del inmueble al arquitecto Moreno Barberá (1973), con el fin de instalar las oficinas centrales de la sede financiera. Esta reforma, que conllevo un vaciado integral del interior del palacio, fue poco rentable para la Banca López Quesada pues al poco tiempo entró en crisis y tuvo que poner a la venta el palacio.
Fue adquirido en 1980 por el Banco de España y posteriormente cedido al Museo del Prado como edificio donde mostrar temporalmente colecciones pictóricas y celebrar exposiciones. La última reforma del palacio ha sido realizada hace poco tiempo por el arquitecto Rafael Moneo, con objeto de convertirlo en museo para acoger de forma permanente la colección de pinturas Thyssen-Bornemisza.
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