Madrid , 21 de Enero de 2018

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JARDIN BOTANICO

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Sabías que..

Dirección: Plaza de Murillo, c/v Paseo del Prado s/n, c/v Calle de Claudio Moyano, c/v Calle de Alfonso XII, c/v Calle de Espalter.

Los precedentes de este jardín se deben a Fernando VI que encargó en 1755 a Miguel Bernardes, botánico y médico de la Real Fábrica de San Fernando, la instalación de un pequeño jardín en el soto de Migas Calientes, situado en el camino de El Pardo a orillas del río Manzanares. El 25 de julio de 1774 Carlos III mandó traer a la corte este pequeño jardín, trasplantando sus árboles y plantas a las huertas que había en el Prado de San Jerónimo, pues eran más amplias y espaciosas para los cuidados que requerían la flora y las semillas que iban llegando de casi todas los continentes, especialmente a través de las expediciones marítimas, oceanográficas y botánicas, como las que realizaron Sessé, Mociño, Boldo, Pavón, Ruiz, Mutis, Cabanilles, Lagasca, Rojas Clemente y, entre otros, Rodríguez.
El Conde de Floridablanca, primer ministro de la monarquía, puso especial interés en las obras que habrían de crear el nuevo Jardín Botánico, sobre todo, porque serviría para engalanar el nuevo paseo del Prado, que todavía andaba en obras, y, también, porque serviría como un simbolo del mecenazgo de la Corona para con las ciencias y las artes. El nuevo jardín, obra del arquitecto Juan de Villanueva se construyó entre 1774 y 1781, ocupando una superficie de 14 hectáreas distribuidas en tres niveles aterrazados que se adaptaban a la orografía del terreno, y en los que se disponían los jardines en forma de cuarteles cuadrados, siguiendo un trazado ortogonal y rematados en las esquinas con fuentes circulares. El recinto estaba cerrado por una elegante verja de hierro asentada sobre piedra y contaba con dos puertas de acceso, una principal en el paseo del Prado, de corte clásico con columnas dóricas y frontón, y otra entrada secundaría que daba al Museo del Prado y que es por donde actualmente se accede al recinto. También contaba con estufas, semilleros, un invernadero de trazas clásicas, una biblioteca, otras dependencias y aulas necesarias para las cátedras de botánica y de agricultura, para el herbario, así como para los enseres de mantenimiento y labor.
A comienzos del siglo XIX el jardín botánico se había convertido en el semillero de casi todos los paises de Europa, teniendo entonces una reputación científica sin igual, y de la que podemos hacernos una idea a través de los numerosos y variados manuales e inventarios que se realizaban y de la gran cantidad de pedidos de semillas que se solicitaban. Pero además de su uso científico, el jardín solía ser frecuentado durante la primavera y el verano por la alta sociedad y proporcionaba gratuitamente a los necesitados plantas medicinales.
En 1947 el jardín fue declarado Monumento Nacional y entre 1980 y 1981 fue objeto de algunas reformas, encargándose el arquitecto Antonio Fernández Alba de la remodelación del pabellón, y el arquitecto Guillermo Sánchez Gil junto al paisajista Leandro Silva de devolver a los jardines su trazado original en niveles aterrazados.
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