Madrid , 24 de Enero de 2018

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Dirección: Calle de Alcalá, 50, c/v Plaza de la Cibeles s/n; c/v Paseo del Prado, 1.

Hasta la década de 1930 las sucesivas fases de crecimiento de la ciudad habían ido desplazando el centro urbano hacia el este, incluso el anteproyecto de Ensanche de Castro (1857) se ajustó a esta trayectoria natural de la ciudad. Así, si hasta el siglo XIX el centro estuvo localizado en la plaza de la Puerta del Sol, a comienzos del siglo XX se fue trasladando por la calle de Alcalá hasta consolidarse en la entonces plaza de Castelar, hoy de la Cibeles.
No por casualidad en esta plaza se ubicaron algunos de los edificios e instituciones más representativos desde el punto de vista de la capitalidad de Madrid, como el Ministerio de la Guerra en el Palacio de Buenavista –hoy Cuartel General del Ejército-, el Banco de España y el Palacio de Comunicaciones que ahora tratamos.
Su biografía comienza en 1903 cuando el gobierno adquirió, no sin oposición, los jardines del Buen Retiro para edificar en su solar la nueva sede de Correos y Telégrafos. Ese mismo año se convocó un concurso público del que resultó ganador el proyecto que presentaron unos jóvenes arquitectos llamados Antonio Palacios Ramilo, Julián Otamendi Machimbarrena y el ingeniero Ángel Chueca Sainz. Las obras comenzaron en 1904 y se prolongaron durante trece años, hasta 1917, debido fundamentalmente a las notables dimensiones del edificio, que ocuparía una superficie total de 12.207 metros cuadrados y alcanzaría un coste de 10.311.860 pesetas de las de antes.
El edificio fue concebido con criterios de racionalidad y funcionalidad, su gran patio interior facilita el transito hacia los servicios generales de correos, telégrafos y de telefonía que se instalaron en la planta baja, mientras que las plantas superiores se reservaron para tareas administrativas, para las oficinas de la dirección, la cartería y una sala de telégrafos que conectaba directamente con la antena del edificio, que alcanzaba nada menos que 70 metros de altura, contando con la altura de la torre central.
En conjunto, el palacio de Comunicaciones denota las influencias de la monumentalidad de la arquitectura norteamericana, de las composiciones volumétricas de la arquitectura francesa, de las reminiscencias de la arquitectura medieval española en los detalles decorativos y en el tratamiento de la piedra, e incluso se aprecian algunos elementos característicos de la arquitectura vienesa de Otto Wagner, de quien era entusiasta Palacios.
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